Aviso de contenido: este post es una reflexión sobre la muerte. Hablo de gente que se ha ido antes de lo que, en principio, correspondería, y por voluntad propia. También habla de enfermedades complejas. No es morboso ni violento, pero es triste.


Un día me gustaría leer (y, si soy lo suficientemente lista, escribir) sobre la relación que tenemos los millenials con las bromas sobre morirnos. Mi novia, que para la precariedad y la política es millenial pero para el resto no, se enfada medio en broma medio en serio cuando hago bromas al respecto, y reconozco el motivo; ella ha visto morir a mucha gente que quiere, mucho antes de que le tocara. Yo menos, claro, pero no he sido inmune. Casi nadie es inmune cuando se rodea una de gente queer y en distintos grados de precariedad.

Además de millenial soy andaluza, y eso significa que no hay casi nada tan serio sobre lo que no podamos hacer bromas. La muerte no iba a ser menos. Tenemos cientos de eufemismos jocosos sobre morirse, pero mi momento favorito de no respetar nada es en lo más sagrado que hay en Sevilla, que es la Semana Santa. Para quien cojee en lore católico, os pongo en contexto. El Jueves matan a Cristo, el Viernes es el entierro, el Sábado de luto y el domingo es Pascua de Resurrección (“resucitó al tercer día” etc). Ni el viernes ni el sábado dichos se celebran misas ni otros sacramentos, salvo extrema unción y confesiones. La gente que se lo toma más en serio hace ayuno, en preparación de la Vigilia Pascual y la celebración grande del Cristianismo: el triunfo sobre la muerte. 

El Sábado Santo sale en procesión la Hermandad del Santo Entierro (Real Hermandad Sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Triunfo de la Santa Cruz y María Santísima de Villaviciosa). Es una hermandad de la que hay constancia desde 1570, pero la leyenda se lo atribuye a Fernando III el Santo, anexionador de Sevilla al reino cristiano de Castilla y patrón de la ciudad. Cuenta con varios pasos, uno de ellos una urna neogótica de 1620 (Cristo Yaciente1) que hace mi corazón barroco de estética y gótico de espíritu chillar, pero el que me interesa es El Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte. Es una talla de 1691 que representa a la muerte en forma de esqueleto, sentada a los pies de una cruz vacía, con gesto de reflexionar sobre lo que acaba de hacer. Esta hermandad no lleva bandas de música2, así que cuando pasan los pasos se hace el silencio en la calle. Los nazarenos visten de negro con cirios rojos y un símbolo rojo en el pecho3. Se considera mal fario que el paso se detenga delante de ti, y no se vuelve ante nadie4. Excepto en 1940, que el capataz mandó al paso volverse ante Franco y, se cuenta, le dijo al dictador “Excelencia, medite”. Ese paso es el único que no tiene llamador5, por no llamar a la muerte.

Hostia, el worbu6

Creo que ha quedado claro que el paso es aterrador y que se le tiene un respeto y superstición generalizado. Bueno, pues ya en 1797 quedó por escrito que tardamos aproximadamente medio minuto en bautizarlo como, I shit you not, La Canina7. Es más, el letrista Pepe Peregil le dedicó una saeta8 que decía «Ay Canina cuanto te quiero/pero como te hace falta/ un buen caldo del puchero». En 1993 el sacerdote José María Javierre comenzó el pregón de la Semana Santa con esa frase. No respetamos nada.

Todo esto ha sido necesario para explicaros mi relación particular con la muerte; me aterra, pero al mismo tiempo no me la puedo tomar del todo en serio. Quizás porque me aterra es por lo que hago bromas con ella. El «haberci me muero» sale de mi boca al menos una vez en semana. Cuando le explico a mi novia que estoy muy cansada le digo que «mi cuerpo pide tierra». También es cierto que cuando tienes un problema de salud que te provoca un cansancio atroz y no sabes qué es, las ganas de hacer bromas sobre morirse se pasan un poco. No del todo.

En días como hoy, que llevo dos semanas extra cansada, en los que hacer un recado ha supuesto un esfuerzo titánico, en los que he tenido que decir que no a salir a bailar porque las energías no me lo permiten, me enfado mucho, con todo, pero especialmente con mi cuerpo. Tengo la tripa hinchada y no sé por qué, apenas he hecho otra cosa que vegetar en toda la semana. El cansancio me ha vuelto a joder un viaje, esta vez uno pequeño y tranquilo para ver a una amiga, tanto que el viernes me sentí desmayarme de agotamiento. En días como hoy, de hartazgo, aburrimiento, cansancio e incertidumbre, pienso que no quiero seguir viviendo así. El miércoles, volviendo a casa después de un breve e infructuoso intento de paseo, arrastraba los pies por la calle murmurando «no quiero vivir así». Hoy, al despertar por la mañana y estirar un brazo para coger mi botella de agua, lo noté relleno de plomo. Me puse triste inmediatamente. No quiero despertar así cada día. La ansiedad de todo lo que está pasando en el mundo, de todo lo que pasará, me atenaza el pecho en cuanto le dedico un poco de atención. No quiero vivir en un mundo así. Mis vías de escape habituales no están a mi alcance, porque hacer cosas es lo mejor, pero ahora no puedo hacerlas. No quiero sentirme impotente todo el rato durante el resto de mi vida. Escribo en mi diario las cosas buenas que me pasan, pero llevo una semana en la que sólo puedo dedicar un par de líneas al día que no sean amargas. No quiero vivir así el resto de mi vida. No tengo fuerzas (físicas, mentales) para cambiarlo. Quiero leer, escribir, pero la pesadez mental está siendo dura y apenas soy capaz de mantener la concentración en lo que estoy haciendo. No quiero vivir así el resto de mi vida.

El cansancio, la incertidumbre, el hartazgo y el enfado me impiden recordar que la alternativa es mucho peor. Desde hace poco menos de un mes tengo a alguien para recordármelo.

El 28 de enero de este año encontré, por casualidad, este tweet. La perfecta realización del meme millenial. Todos los chistes sobre morirse que había hecho hasta la fecha culminaron aquí. Dejó de tener gracia, pero a la vez no pude parar de reírme.

Busqué un poco y encontré este blog llamado Hersen Mist, niebla cerebral en neerlandés. Es el blog que ha llevado Lauren desde noviembre de 2022 desde que en mayo de ese año comenzó el proceso para conseguir la eutanasia. Desde otoño de 2019 sufría encefalitis miálgica9 severa con complicaciones, además de un cuadro de neurodivergencias muy complejo. Con el inglés roto del traductor de Firefox fui leyendo sobre su periplo médico y, sobre todo, psiquiátrico, para conseguirlo. También sobre su familia, sus amigos, su autismo, sus gatos, sus planes para su propio entierro. Está la carta de despedida de su amigue Lau, que estuvo con ella cuando murió. También de guus, que explica cómo lleva su duelo con un par de candelabros en forma de plátano, en un post publicado el día después de su muerte. Lauren hizo pública la fecha y hora de su muerte, invitó a algunas personas a asistir por videollamada, y pidió que no postearan condolencias hasta pasada la franja horaria en la que estaba programada su muerte. Invitaba a todo el que quisiera a dedicarle un pensamiento, encender una vela o hacer lo que su corazón considerara adecuado para acompañarla. Era atea, así que no esperaba nada más que la eterna nada.

El blog es una de los lugares más hermosos y triste que me he encontrado en internet. Es terrible leer el sufrimiento de una persona, tanto que morir es una opción mucho mejor. Es terrible también leer las dificultades que se encontró en su proceso para conseguir un final digno para su vida, por la la causa de su malestar10 y por sus múltiples diagnósticos psiquiátricos11. También es hermoso, porque todo está impregnado de determinación y sencillez. No deja de ser una chica de 28 años con dos gatos, a la que le encanta leer, adora a Taylor Swift y postea memes. Escribió una lista, bastante divertida, de las elecciones que tomó para su entierro. Era una chica normal, salvo con la pega de que sufría inmensamente y quería morir. Eso es todo. Esa es la importancia que le da. Hay algo reconfortante en la forma en la que se dirige a su propia muerte, y en realidad debe serlo cuando quieres morir y sabes cuándo y cómo va a pasar. Diseñó la invitación a su muerte, dejó programado un post en su blog, pudo despedirse de la gente que le quería y su gente cercana escribió cartas de despedida que le leyó ese día. También dejó cartas escritas. Da consejos para preparar, a nivel logístico, las cosas sobre morirse, incluso si no está en nuestros planes hacerlo pronto. Recomendó usar un gestor de contraseñas y dejar la contraseña maestra en un sitio seguro, pero accesible, para no dejar encerrados tus recuerdos digitales cuando te vayas. Publicó un vídeo en formato 1 segundo al día, de todo 2023 y lo que vivió de 2024. El día 26 de enero enseña su ataúd compostable, que ha elegido ella, mientras sonríe. Al día siguiente acabará el día ahí dentro. Cuando vi ese vídeo, ya estaba en él, descansando sobre musgo, hongo y cáñamo. Encendí una vela, como seguro que hizo más gente, repartida por el globo, al saber que esta chica había muerto. De alguna forma organizamos un velatorio improvisado, desperdigado por el mundo, con gente desconocida, para honrar un final digno. Internet son muchas cosas.

Hay una cosa que no me quito de la cabeza, y es la entereza que hay en decirle a tu propia madre que quieres morir. Más aún porque esa misma madre ya perdió a un hijo de 16 años, enfermo de cáncer. Leí una frase de la madre que se va a quedar conmigo para siempre: “Lo único que veo como algo positivo es que ya no tengo miedo de perder a mis hijos. Sé dónde están”. Hay algo roto y esperanzador en esa frase, en esa madre: ya nada puede tocarla. Nada más puede hacerle daño. Ha vivido dos veces la que probablemente sea la pérdida más dura que tengas que sufrir, para la que no te prepara nada; ver a tus hijos morir después de dos enfermedades terribles. Ojalá no hubiera tenido que pasar por eso. Ojalá nada de esto hubiera pasado. Pero ha pasado, y el mundo ha seguido adelante

Sigo sin saber qué provoca mi cansancio, pero podría ser encefalitis miálgica12. Podría ser algo igualmente crónico. Podría ser algo degenerativo, y que el cansancio vaya a peor (aunque, de momento, no parece). Podría tener este cansancio para siempre o ir perdiendo mi energía gota a gota hasta apagarme. O mi médico podría dar con la causa, encontrar la solución y volver a mis niveles de energía anteriores, no lo sé, nadie lo sabe. Procuro mantenerme ocupada y tener esas posibilidades fuera de la cabeza, pero en días como hoy, en los que el malestar se lo come todo, la idea de quedarme así para siempre zumba como un mosquito en la oreja cuando intentas dormir. ¿Qué pasa si esto no tiene cura? ¿qué pasa si mi vida es así para siempre? ¿seguiré pensando que no quiero vivir así?

Yo no quiero vivir así, pero la alternativa, ahora mismo, me parece mucho peor. A lo mejor algún día cambio de opinión. Me aterra esa posibilidad, pero de alguna forma está el recuerdo de Lauren diciéndome que la muerte tampoco es para tanto. Ahora refunfuño mirando el reloj. A esta hora yo querría estar pintada como una puerta y cenando con mis amigas para ir a bailar, pero la energía no me lo ha permitido. Preferiría no estar cansada, pero, visto de otra forma, es mejor esto que morirse.

  1. Es que decidme que no es para chillar ↩︎
  2. Es habitual que las procesiones lleven bandas de música tocando marchas, excepto las procesiones más solemnes ↩︎
  3. Dan un mal rollo que te cagas ↩︎
  4. Si alguien muy importante ha ido a ver una procesión en particular, el capataz puede detener el paso y hacerlo girar para «saludar» a dicha persona. Algunas lo hacen rutinariamente, por ejemplo para saludar a un convento de monjas de clausura ↩︎
  5. El llamador es como el de las puertas pero en horizontal, y lo utiliza el capataz para transmitir órdenes a los costaleros que van debajo ↩︎
  6. Gracias por tanto, Hematocrítico ↩︎
  7. Porque como está en los huesos, debe tener mucha hambre. Estará canina 😀 ↩︎
  8. La saeta es un canto religioso y solemne, un lamento cantado. ↩︎
  9. Lo que habitualmente se llama Síndrome de Fatiga Crónica, pero a ella no le gustaba ese término porque «fatiga» no llega a explicar su sufrimiento, ↩︎
  10. No existe un marcador fisiológico de diagnóstico para esta enfermedad, así que la carga del «esto es somático» está ahí para siempre ↩︎
  11. Sobre la infantilización de la gente autista podéis leer a gente autista, que veréis qué risas. ↩︎
  12. Esto NO ES una invitación a nadie para dar su opinión sobre lo que puede ser o no ser causa de mi cansancio. ↩︎
7 comentario sobre ««No pasa nada, es mejor eso que morirse»»
    1. Me ha gustado y me ha hecho pensar. Supongo que vida o muerte dejan de dar miedo en función de que sean lo que elegimos, pero claro, según las circunstancias a veces las decisiones no se sienten como tal.

      Gracias, una vez más, por contarlo y contarlo tan bien.

  1. Una vez le pierdes el miedo a la muerte, hay como un peso que te quitas de encima. El «peor» final posible para todo, ya no te asusta. (Y digo «peor» con comillas porque hay situaciones peores, como verse atrapado sin poder escapar ni siquiera hacia esa muerte.) Reírse de la muerte es sanísimo.

    Yo no le temo a mi propia muerte, pero mientras tenga cosas que hacer en esta vida, no tengo ningún interés en buscarla. También tengo bastante claro que si en algún momento la vida deja de tener sentido y ya no hay vuelta atrás (como el caso que cuentas), no tiene sentido arrastrarse hacia delante. La vida no es un valle de lágrimas, ni hay que sufrir todo lo posible para una recompensa celestial que no llegará.

    Supongo que también puedo decir esto porque veo muchas cosas por hacer en mi futuro y mucho que disfrutar en mi presente. Habría que ver si no me acojono cuando llegase el momento.

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