Parecer una Barbie

Vivir en La Era de la Información es un chiste de mal gusto: tan rápido crece la cantidad de información disponible como la dificultad para encontrarla. Hace meses, una amiga me mandó un vídeo de TikTok que condensaba la sabiduría de un ensayo de 40.000 palabras que pueda escribir yo en este blog. Sabía que me iba a ser útil alguna vez, y juraría haberlo guardado en favoritos de whatsapp, pero está claro que no fue así. Ahora, meses después, cuando me decido a escribir esta entrada, he dedicado más de media hora a encontrarlo1, infructuosamente, y es posible que haya desaparecido. Por eso os vais a tener que fiar de mí y memoria, y en vez de insertar voy a tener que narrar con lo que me acuerde:

Una chica cuenta que estaba sentada en un bar tomándose algo y un señor se le acercó, muy cortésmente, a decirle que admiraba su belleza natural y su «respeto por sí misma», a diferencia de otras que tienen un aspecto artificial, con postizos y mucho maquillaje. La chica se reía, contando que cualquier mujer necesitaría medio vistazo para darse cuenta de que era todo postizo (fake): extensiones de pelo y de pestañas, uñas postizas, tanto bótox que no tenía movilidad en las cejas, mandíbula y un maquillaje de apariencia natural pero que podría quitarse con espátula. Sin contar skincare, dietas, ejercicio y demás intervenciones sobre el físico que no mencionó, claro. Sólo porque ella quería lucir de una determinada manera menos vistosa, ese señor había confundido su aspecto como «natural».

Una sabia de internet

EDITO: Gracias Alicia por encontrar el vídeo TE QUIERO MUCHÍSIMO https://www.instagram.com/reel/C7NKQf_PF2P/

Quienes ya me conocéis sabéis que me interesa mucho la construcción social, cultural y política de la belleza, la diferencia y jerarquización entre lo aceptable y no aceptable, entre lo natural y lo artificial. En estos tiempos de reacción fascista, el camino estético marcado es hacia la neutralidad, la respetabilidad, la naturalidad como vuelta a las esencias femeninas (mi take sobre parte de esto aquí). Pero por supuesto quien dicta esto (y los primeros, los gañanes de la masculinidad incel) no tiene ni puta idea de cómo luce una mujer «al natural» porque en sus tristes vidas han visto una: distinguen entre guapas y feas, y a las guapas entre buenas y malas, donde creen que las buenas son las naturales y las malas las artificiales. Lo que no saben estas patéticas almas es distinguir entre lo natural y lo artificial a no ser que lleve neones porque no han prestado atención a una mujer así los maten.

A donde voy con esto es que, en este contexto, se premia el parecer natural. Digo parecer, no ser, porque hay una disociación entre lo que se ve por la calle (no deseable) y lo que se ve en una pantalla (deseable) que nos ha roto la forma en la que percibimos cómo es normal lucir: lo que vemos en una pantalla nunca jamás es natural, pero a base de exposición acabamos creyendo que sí, y trasladamos esas expectativas a la realidad, en la que sí existe lo natural, por lo tanto la realidad (incluyéndonos a nosotras mismas) nunca alcanzará las expectativas creadas de la pantalla porque es imposible2. La consecuencia de esto es que cada mujer con maquillaje nude, no-makeup makeup y demás estilos que en pantalla lucen naturales se confunden con la naturalidad, con cómo son las mujeres (las guapas, claro) en realidad, y no como lucen en un momento concreto (y a través de una pantalla). Esta confusión le ocurre sobre todo a la gente que no tiene ni idea de maquillaje, claro; piensan que maquillaje equivale a ponerse colores encima como la escopeta de Homer, y que todo lo demás es obra y gracia de la genética y altura moral. De ahí que un señor que no tiene ni puta idea piense que la chica del vídeo aquél tenía una belleza «natural» a pesar de ir montada como una drag queen.

Kendall Jenner con más maquillaje que yo cuando salgo de fiesta gótica.

Total, que todo esto viene a que sigo enfadada porque la película de Barbie no se llevó ni una triste nominación a mejor maquillaje y peluquería, y estoy convencida de que es porque los jueces piensan de verdad que Margot Robbie es así. A ver, no me malinterpretéis, Margot Robbie es absurdamente guapa y seguro que el aliento le huele a agua de rosas cuando se levanta, pero no es como aparece en esa película porque nadie es como en esa película.

La directora de maquillaje y peluquería de la película, Ivana Primorac, se tuvo que enfrentar a un reto que, si no lo piensas, no te das cuenta del tamaño que tiene. Tuvo que:

  1. Tomar la estética de una muñeca hiper reconocible
  2. Trasladarla a personas reales y que sigan pareciendo personas reales
  3. Sin caer en el uncanny valley
  4. Esquivando lo que ya tenemos en mente cuando decimos «parece una Barbie»3

La película no trata de recrear a una muñeca, porque para eso le pones los labios rosa fuerte, un pelucón de plástico amarillo y apañao. Se trata de cómo imaginar que sería Barbie si fuese una persona de verdad, pasado por el filtro de una mente infantil que es el que tenemos en la cabeza cuando pensamos en Barbie. En nuestra imaginación, Barbie no tiene el pelo de plástico y los ojos demasiado grandes; en nuestra imaginación, Barbie es perfecta. El reto de Primorac era hacer a Margot Robbie (y el resto del reparto) lucir perfectas, pero no tanto que pierdan la cualidad humana.

Por ejemplo, este fotograma:

Aparte de ser, en mi humilde opinión, HISTORIA DEL CINE, fijaos en la piel, ¿cuándo habéis visto una piel lucir así? En vuestra vida, ya os lo digo. Es piel, pero es la piel perfecta: sin poros, sin variaciones de tono, sin pelo, sin keratosis, sin mancha, sin nada. Es la piel de Margot Robbie pero a la vez es el ideal platónico de la piel, y ese efecto no crece en los árboles: para ello, tuvieron que diseñar una rutina de cuidado de piel a medida que tuvo que seguir a rajatabla durante meses, crear una fórmula y un tono de base de maquillaje personalizado para ella y asegurarse de que toda su piel, desde detrás de las orejas, los codos y hasta los talones, tenía exactamente el mismo tono. Y, por supuesto, que no manchara la ropa, que no se agriete, que no se arrugue y que no parezca que va maquillada de pies a cabeza. Además, estoy segura, utilizaron sombreado e iluminación para conseguir que la piel brillara casi como si fuera de plástico, pero sin parecer de plástico. Y, todo eso, para cada personaje de la película.

Quiero brillar como le brilla el pectoral a Ken

Si habéis visto la película, sabréis que los pies son centrales en la trama: Barbie va siempre de puntillas4. Uno de los mayores retos de rodaje y maquillaje fue conseguir que, por un lado, los pies fueran perfectos, y, por otro, que la puntilla fuera creíble. Aparte del trabajo de cuidado de piel y el maquillaje, quería destacar la maravilla que es que Margot consiguiera imitar a la perfección el arco de los zapatos que llevaba. Esta escena no lleva CGI ni para la postura ni para la piel: es pura artesanía. Seguro que no os disteis cuenta al ver la película.

El maquillaje de la cara no se queda atrás: excepto en la intro, en la que lleva pintalabios rojo (igual que la muñeca original), en todas las demás escenas lleva un tono de pintalabios que parecen casi sus labios naturales, si esos labios fueran perfectos. Para conseguirlo, utilizaron como 25 tonos distintos, todos a conjunto con el outfit de la escena paras que nunca chocaran. También los coloretes iban a juego con la ropa y el pintalabios. Le rediseñaban las cejas en cada escena para adaptarla a los cambios de pelo, con cambios sutiles pero que hacen que siempre luciera, lo habéis adivinado, perfecta.

Y, por supuesto, el pelo. Sólo para el personaje de Barbie se crearon 18 pelucas y más de 30 postizos, que además van narrando su propia historia: conforme tiene más contacto con el mundo real, el volumen va disminuyendo. Pero siempre es el pelo perfecto, el pelo con el que sueñas levantarte cada mañana, en el tono perfecto para ella y la escena (hay variaciones sutiles de tonalidades dependiendo del color de la escena), pero uno distinto para cada uno de los 30 cambios de vestuario que hace. Todos deben lucir perfectos. Y así, para cada uno de los personajes que salen en la película.

Salí del cine obsesionada con el maquillaje, peluquería y vestuario de la película, y estuve semanas leyendo todas las entrevistas a la directora de maquillaje que podía encontrar. Cuanto más aprendía, más admiraba el efecto casi imposible que había logrado, cómo había conseguido que todo luciera perfecto, pero no demasiado perfecto. Cuando supe que no se había llevado una nominación, no me lo podía creer. Lo que me daba a entender la lista de nominados es que no estaban premiando el mejor maquillaje, sino los mejores efectos especiales logrados con maquillaje; no es lo mismo, aunque vaya en la misma categoría. Lo que llama la atención no es una piel perfecta, sino las grandes transformaciones físicas, los efectos cruentos y los colores vistosos. Al dejar fuera esta obra de arte del maquillaje, lo que entendí fue que se dejaba fuera el arte sutil de parecer perfecta, porque eso no es maquillaje, sino es lo normal. Como si Margot Robbie fuera así, y no el resultado de un equipo de decenas de personas (entre dos y cuatro por personaje, diariamente), meses de investigación, años de formación y experiencia y un trabajo intensivo. Como si los expertos de los Óscars se hubieran tragado el truco pensado para los espectadores, pero que ellos deberían saber reconocer y valorar. Como si lucir así fuera fácil.

Sigo triste por esa falta de reconocimiento a ese trabajo, triste y un poco asustada, porque lo que traduzco de todo esto es que ni se entiende ni se valora el trabajo de lucir bien. La chica del vídeo del principio se gastaba varios cientos de euros al mes, además de horas y tiempo de aprendizaje, en tener un determinado aspecto que un espontáneo pensaba que le había caído del cielo. Si ese es el aspecto que el mundo piensa que tiene una mujer «al natural», entonces ese es el estándar. Por un lado, entonces todas las mujeres que no tienen ese aspecto tan bueno (incluso ella misma cuando no va montada) son «feas» (y esto es, de una forma perversa, expulsar de la categoría de mujer) y, por otro lado, negar el trabajo femme que hay detrás de ese aspecto, porque es mérito de la genética. Sólo el maquillaje vistoso, colorido, efectista y espectacular es considerado maquillaje de verdad, y eso además castiga a las que disfrutamos de ir como retablos barrocos porque maquillarse es una manifestación de vanidad, opulencia y sexualidad que, hoy por hoy, está penalizada.

Sé que estos temas me los tomo muy en serio, pero sentí esto como un desprecio a los trabajos femme a los que me entrego apasionada y tanto disfruto, y como un castigo a la audacia de Ivana Primorac por haber hecho un trabajo tan bueno que nadie puede percibirlo. Como si, al no ser obvio, no estuviera ahí y todo ese esfuerzo no hubiera existido. Como si, en realidad, cualquiera pudiera parecer una Barbie.

  1. No tener TikTok dificulta la búsqueda, claro ↩︎
  2. Tengo pendiente una entrada sobre esto ↩︎
  3. Es decir, parecer una bimbo, que es extremadamente artificial (y se considera peyorativo por casi todo el mundo) ↩︎
  4. [SPOILER] hasta que no ↩︎

7 comentario sobre «Parecer una Barbie»

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